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Por jovencuba.com – Ivette García González

Una marcha cívica es noticia corriente en el mundo y debe protegerse como ejercicio de derechos humanos fundamentales. En Cuba, sin embargo, la convocatoria no lo es para la prensa nacional oficial y se activan enseguida alarmas con enfoque represivo.
El pasado día 20, veinte ciudadanos, casi todos jóvenes, presentaron a las autoridades de la Capital una solicitud —basada en los artículos 56 de la Constitución y 20 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos— para marchar pacíficamente el 20 de noviembre. Anunciaron sus demandas: contra la violencia, por los derechos de todos los cubanos, liberación de los presos políticos y solución de las diferencias por vías democráticas y pacíficas. Piden protección al Estado y mantener la conexión a internet.
Otra vez los medios masivos de comunicación insulares —subordinados al Partido/Gobierno/Estado— demoran o no informan. Siguen la fórmula tradicional de esperar orientaciones para contrarrestar sin informar, preparar respuestas e interpretaciones convenientes sin que el pueblo conozca el contenido original. Se rigen por la infantilización y manipulación de los ciudadanos con un fin político.
La prensa independiente y las redes sociales —donde también tiene espacio el oficialismo—, son los únicos ámbitos en que se informan quienes pueden acceder a internet. En ellos se suscitan debates, también a riesgo de la represión que ahora el gobierno incrementa apoyado en su Decreto- Ley 35.
-I-
Medios y sitios oficiales en la red de redes, activaron mecanismos en los primeros cinco días posteriores a la entrega de la referida carta.
Cubadebate publicó el viernes un texto de Fabián Escalante Font, general de división (retirado) del MININT, fundador de la Seguridad del Estado y jefe del departamento homónimo durante veinte años.
Con apenas seiscientas palabras, el artículo es alarmista, calumnioso y amenazante. Intenta manipular con el propósito evidente de desarmar-aislar a los inconformes y sembrar el temor en el resto de las personas. Repite mensajes y estilos usados durante décadas: cero mención al hecho y contenido original del documento, lo cita desde un «periodiquillo miamense» para transmitir la idea de supeditación al enemigo externo; son «contrarrevolucionarios» como los medios «afines» (léase alternativos); es una «masiva actividad contrarrevolucionaria»; un plan «estructurado por la CIA» que financia a «estos líderes» para «crear un ambiente de desestabilización».
El nombre de Yunior García no es mencionado, se alude a él como «uno de los participantes», viejo estilo —cuando al menos había inteligencia— para no visibilizar liderazgos ante la ciudadanía.
El cierre también es añejo, pero ahora desde su autoridad y expresión de continuidad. Convoca a «no subestimar al enemigo», «pasar a la contraofensiva» porque se pretende «propinar el golpe final a la Revolución, en tanto nos suponen débiles» y «aunque a algunos no les guste: la calle es de los revolucionarios, como alertara Díaz-Canel. Entonces, ¡Al COMBATE!»
El post generó ese día treinta comentarios, casi todos elogiosos y del mismo corte. Llamados al combate, consignas, acusaciones de «mercenarios» y «confundidos», exhortaciones a no autorizar o a confrontar la marcha, incitaciones a incrementar la represión, afirmaciones de que no será pacífica, invocación del derecho del gobierno a defenderse y amenazas de que «van a tener respuesta como las del Contingente Blas Roca» porque así «nos enseñó Fidel».
Cinco comentaristas marcaron la diferencia al expresarse con convicciones y honestidad. Uno sugirió:«dialoguemos con respeto pero públicamente, en vivo por ambas partes para que no puedan manipular el dialogo y la marcha». Otro afirmó que «manifestarse en contra de lo que sea de forma pacífica es un derecho, los revolucionarios deberíamos ser los primeros en respetar, recuerden el por qué se hizo la Revolución».
Félix Sautié Mederos, sociólogo, laico y ex funcionario del gobierno y del PCC, puso un comentario en su blog. Lo ilustró con una imagen de Cuba amenazada por aviones de combate y lo tituló: «¿Sería pacífica? una manifestación contra la apertura del turismo en Cuba en noviembre 2021…Algunos «olvidan»; que estamos en una plaza sitiada…». Concluyó con «la guerra de cuarta generación» y el llamado «A luchar».
Ambas figuras pertenecen a la generación histórica. Aunque profesional y teóricamente tienen enormes diferencias, comparten y reproducen en sus discursos la noción de «plaza sitiada»; para los dos revolución es gobierno; todo disenso es contrarrevolución y mercenarismo en pro del enemigo, por tanto debe ser aplastado.
-II-
En el medio oficial digital Las razones de Cuba aparecieron dos textos los días 22 y 23: «Yunior García Aguilera, el “patriota preocupado”» de Marco Velázquez Cristo —que con otro título lo publicó también en PostCuba— y «Un nuevo Mesías y una democracia raptada», de Fernando Grass.
Tales escritos tienen rasgos similares: criminalizadores, con autores de identidad cuestionable y vulgaridad rampante. A diferencia de la vieja guardia, arremeten violentamente contra el joven dramaturgo, participante en los sucesos del MINCULT, miembro del 27N y líder de Archipiélago, nuevo grupo que ha logrado sumar miles de miembros en poco tiempo.
No aparece alusión alguna a las ideas y opiniones de Yunior García, ni a la marcha en sí. Se le ataca sinofrecer pruebas que evidencien su mercenarismo, afán de protagonismo o conducta cívica indebida. Velázquez y Grass actúan como voceros de lo peor del dogmatismo y el extremismo político nacional.
Se califica con infames epítetos, se apela a la consabida gratitud infinita de los mortales que nacimos en la Cuba post 1959, invaden su vida privada y propagan sospechas en el lector acerca de la existencia de otros detalles. Contra semejante práctica no parecen contar la Constitución, la Declaración universal ni el Decreto-Ley 35.
Comparten además el típico negacionismo: no hubo represión, no hay presos políticos, los detenidos tienen un proceso adecuado y ninguno es por causa política sino por delitos comunes. Grass desafía a marchar por las vacunas, contra el bloqueo y por remesas. Asegura que la «marchita» no será pacífica porque está al servicio de la «revolución de colores» y porque sus promotores son «afines a medios independientes financiados».
¿Quiénes son Cristo y Grass? Aparecen como autores en publicaciones de sitios oficiales, pero son figuras desconocidas en la realidad y en internet. Así que se los presento según clasificación de la Dra. Alina López: Agentes Cubanos del Ciberespacio (ACCE).
-II-
La reedición de métodos y estilos de épocas pasadas, en contexto y con sujetos políticos muy diferentes, son lamentables. Todavía funcionan, pero solo en parte.
Pueden atemorizar a muchos, empezar a extender la opinión del peligro que provocará la marcha, de los costos humanos que podría significar, de la imprudencia, de que la Revolución (léase gobierno) tiene derecho a defenderse (¿frente al pueblo desarmado?), de usar otros métodos o esperar por los frutos de los diálogos que está sosteniendo el gobierno, o seguir solicitando que las reformas, por fin, corrijan sus falencias.
Nada de eso resta legitimidad a una marcha cívica, máxime cuando existen cientos de presos y familias perjudicadas por la represión, cuando el destierro es habitual y público, cuando la violencia sigue sustituyendo al civismo y la indefensión ciudadana se naturaliza.
Los textos examinados amenazan la integridad de las personas y los derechos humanos. Lo interesante es que, fuera del de Escalante, que tuvo comentarios en el propio medio, los otros no provocaron ni eso, y el primero inclusive no trascendió a Cubadebate.
Solo los dedicados a Yunior García repercutieron ampliamente, a partir de ser confrontados, en las redes y medios independientes. Como resultado, se generaron numerosos comentarios de apoyo al ofendido, cada vez más conocido y admirado.
Estas prácticas, además de provocar repulsa en los lectores, generan un efecto no deseado: solidaridad,porque «los muertos que vos matáis, gozan de buena salud».
-III-
Faltan casi dos meses, la capacidad y vocación represiva está fresca. Sería ingenuo pensar que no habrá otras acciones contra promotores y participantes. Sin embargo, debería reconocerse que:
1. En Cuba debe naturalizarse el ejercicio de los derechos cívicos y políticos.
2. Urge disminuir las tensiones y eliminar el discurso amenazante y excluyente.
3. Lo más inteligente y acertado políticamente sería autorizar y garantizar la seguridad y protección a los manifestantes. Derechos tienen, tanto quienes apoyan al gobierno como quienes lo adversan.
4. El viejo discurso de que es «el pueblo» el que enfrenta a los que disienten ya pocos lo creen. Se ha comprobado que ese pueblo, e incluso las fuerzas represivas, no actúan violentamente si no son convocados a hacerlo.
5. La Constitución es inviolable y el Estado es responsable del control de la violencia. Si no es capaz de lograrlo, es disfuncional.
La manifestación pacífica es una de las formas concretas de la libertad de expresión, y la del 20N es la mejor iniciativa cívica de las últimas décadas. El Estado tiene la obligación de protegerla como un derecho humano, como a la vida, la integridad y dignidad humana, la libre circulación y otros.
La prensa nacional oficial tendrá ocasión de mostrar si su reciente diálogo con el presidente fue efectivo. Significaría asumir la marcha como noticia en desarrollo y darle cobertura ese día. Veremos si ocurre y si también podrán reportar los hechos la prensa alternativa y la internacional.
Prohibir la marcha cívica solo perjudicará al Partido/Gobierno/Estado; reprimirla tendrá un alto costo político para el gobierno y autorizarla será una oportunidad para todos. Debemos acostumbrarnos a la diferencia y comprender que —como expresara el jurisconsulto Benjamín Cardoso— «la libertad de expresión es la matriz, la condición indispensable de casi cualquier otra forma de libertad».