Xavier Llegorreta
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La confusión de lo criminal con lo religioso.

En el estado de Michoacan, al este de la capital de México, se vino desarrollándose un grupo criminal involucrado con el narcotráfico con el nombre de los Caballeros Templarios. El líder Nazario Moreno Gonzalez, se le denominaba El Chayo que fue el que los creo y fundo en referencia a las ordenes religiosas y militares que existían en el Siglo X para proteger a las peregrinaciones que iban a Jerusalen.

La ropa que se muestra arriba es el ropaje que usaba El Chayo.

Al parecer falleció recientemente pero se dice que «sigue vivo». Hablar del narcotráfico y organizaciones, es hablar de las personas que las forjaron y crearon. Al igual que cualquier organización comercial “legítima”, hablar de sus fundadores es indagar en la “psiqué” de la organización.

Muchas capillas están erigidas en su honor así como en la distribución de libros con sus reflexiones y doctrinas y en los testimonios de hombres y mujeres que en cada pueblo eran obligados a resguardar espadas, armaduras y túnicas, usadas por la organización criminal en sus rituales clandestinos.

En uno de sus textos, titulado «Pensamientos«, (con distribución de más de 60 mil ejemplares anuales) era autografiado por él mismo, con el sobrenombre de El Más Loco. Son los códigos de conducta para trabajar con ellos. Dos eran sus frases preferidas, dedicadas a sus discípulos o a los aspirantes a serlo:

“Ni el hierro ni el acero, ni aún el oro, tienen el valor de un hombre honesto, honrado e íntegro”.

“La mejor herencia que les puedes dejar a tus hijos, familia y amigos es tu propio ejemplo”…

Durante mucho tiempo se supo que uno de sus lugares preferidos de operación criminal era un pueblo llamado Tancítaro, donde a la par de fungir como predicador religioso, secuestraba personas. Un personaje complejo en México como muchos otros en este ultimo siglo. En su pueblo natal solía pasar días o semanas entre sesiones de meditación y escritura. Se cuenta que ahí escribió «Me dicen El Más Loco«, una especie de autobiografía que fue encontrada tras su captura.

Además de El Chayo y El Más Loco, la gente lo llamaban como El Dulce, El Pastor, El Doctor y El Macho. En sus escritos hacía referencias constantes a un pastor evangélico norteamericano, en especial a sus conceptos de perdón, humildad y honestidad, aunque de manera contradictoria practicaba la tortura y las mutilaciones entre sus enemigos o entre quienes se negaban a ser extorsionados, siempre bajo el lema: “esto es justicia divina”.

Habrá que ver el modo de como se desarrollará esta confusión al venerarlo casi como un santo y como un criminal.