Xavier Llegorreta
rss feed
Spanish
Archivo por Categoría: Fundamentalismo

La solución de Venezuela pasa por Cuba….

Venezuela siempre ha aspirado a que el mundo la tratara como a Cuba: ser una dictadura aceptada, como ocurrió con la que encabezó Fidel Castro por más de cincuenta años y que recientemente arribó a su sexta década.

Pero Cuba no es solo un modelo. Venezuela es un país secuestrado porque las decisiones importantes de gobierno se toman en La Habana y no en Caracas. Los tentáculos del régimen castrista tienen extensiones en varias de las instituciones gubernamentales venezolanas: desde la oficina de extranjería hasta los servicios de salud. Las fuerzas armadas están infiltradas por ciudadanos cubanos que ocupan puntos estratégicos de la estructura militar. La invasión es tal, que en octubre de 2018 el secretario general de la Organización de los Estados Americanos, Luis Almagro, presentó un informe ante la Organización de las Naciones Unidas donde describe que existen cerca de 22.000 cubanos infiltrados en el Estado venezolano, especialmente en los organismos de inteligencia.

Pero la inextricable relación de la dictadura de los Castro con el régimen chavista empezó hace veinticinco años, cuando Hugo Chávez visitó Cuba luego de salir de la cárcel. Con la caída del muro de Berlín en 1989 y el desmoronamiento de la Unión Soviética, la Cuba de Fidel Castro perdió a su gran benefactor económico. El ascenso de Chávez al poder en Venezuela, una década después, le permitió a Castro encontrar un nuevo benefactor.

El petróleo venezolano que va a Cuba diariamente, pese a que la producción petrolera venezolana ha declinado más de 60 por ciento en años recientes es el subsidio económico de Venezuela. Por eso el problema no es una potencial invasión a Venezuela por un poder extranjero: Venezuela un coloniaje cubano que ha sido despojado de sus recursos desde más de una década.

Venezuela no es una isla. Tiene fronteras terrestres y por eso la tragedia se extiende en toda la región. El inédito e indetenible flujo migratorio presiona a países vecinos como Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Chile, Argentina y las islas del Caribe.

Debemos ser realistas. La dictadura de Nicolás Maduro ha demostrado hasta el cansancio que no dejará el poder por las buenas, y quienes se oponen a ella no son una opción violenta ni armada. La salida de Nicolás Maduro significará la caída del muro de Berlín, treinta años después, en América Latina.

Y a la inversa: la permanencia de Maduro en el poder significa más muertos, más presos, más persecución y más compatriotas venezolanos forzados a migrar. A la comunidad internacional se le agota el arsenal diplomático porque no hay precedentes en América Latina de una situación similar a la venezolana.

Es importante pensar en lo que viene y medir los pasos a seguir:

La dominación de Venezuela por Cuba es un problema real y no podremos revertirla si los países democráticos no lo entienden y orientan su presión también hacia La Habana. Quienes hablan de promover una negociación deben entender que hay que involucrar al expresidente cubano Raúl Castro y su cúpula. Contra ellos deben continuar las presiones y sanciones de la comunidad internacional.

El llamado de la Asamblea Nacional de Venezuela y del presidente encargado Juan Guaidó a detener el envío de petróleo a Cuba es un primer paso. Las compañías que comercian con petróleo venezolano deben acatarlo si quieren evitar sanciones secundarias derivadas de las ya impuestas por Estados Unidos contra PDVSA.

Finalmente, la izquierda internacional debe comprender que los venezolanos no son ctimas de una sola dictadura, sino de dos: la de Maduro y la de Cuba. Por lo tanto, debe abandonar su política de solidaridad automática y retirar su apoyo a Nicolás Maduro.